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Semana del 6 al 12 de septiembre de 2010 | Año IX Edición 415
Me costaron mucho, no los voy a tirar.
Por: Miguel Ángel Menéndez Ortiz
En una ocasión, un hombre visitaba un pequeño poblado; cuando paseaba por el mercado, decidido a comprar algunos recuerdos, encontró a un hombre vendiendo unas inusuales esferas multicolores.
Creyendo que se trataban de deliciosas golosinas, decidió comprar toda una bolsa, sin saber que en realidad eran chiles sumamente picantes. Al finalizar su recorrido por el mercado, el hombre fue al parque del pueblo, sentándose en una banca donde abrió la bolsa con las “golosinas” que había comprado, dispuesto a saborearlas.
Nada más morder el primero de los chiles, sintió una tremenda irritación en la boca, un fuego insoportable en el paladar. Pronto la nariz se le puso roja y empezó a escurrir, los ojos le lloraban profusamente, y sin embargo, el hombre seguía comiendo esas inusuales “golosinas”.
Un hombre del pueblo, al ver al extranjero en tan mal estado, se acercó curioso, y haciendo un esfuerzo sobrehumano, contuvo la risa al ver que la causa de su malestar eran los pequeños chiles. Al explicarle la razón, el extranjero rió nervioso, y luego, siguió comiendo los chiles.
Sorprendido, el local preguntó al extranjero por qué, a pesar de saber que eran chiles, seguía comiéndolos, a lo que el visitante respondió “ME COSTARON MUCHO, NO LOS VOY A TIRAR”, al escuchar la respuesta, el hombre del pueblo solo sacudió la cabeza y se alejó, dejando al necio extranjero sufrir por su decisión.
Muchas personas, después de las intensas lluvias de los días pasados, caen en la misma necedad que el hombre de nuestra historia. Muchos, es cierto, por necesidad y no tener más recursos, están resignados a vivir en zonas de alto riesgo; pero también existen varios casos de gente que está plenamente consciente de los peligros a los que se expone por vivir en las vaguadas o vados aparentemente secos, hasta que las fuertes precipitaciones pluviales les recuerdan la realidad.
Otros, por ejemplo, viven en zonas como las orillas del mar, en donde también el agua llega a subir y causar graves destrozos; en esos momentos todos claman por soluciones por parte del gobierno, pero luego que pasó la contingencia, como el hombre necio de la historia, siguen en el mismo error, aferrados a que su realidad es la única posible y que no tiene caso ni sentido intentar cambiarla, y así seguirán, hasta la próxima desgracia causada por las lluvias.
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